La creatividad es la respuesta que hemos estado buscando: este es el momento de adoptarla e invertir


Marisa Henderson, Directora de Economía Creativa, UNCTAD

Amy Shelver, Experta en Economía Creativa y

responsable de Comunicación, UNCTAD 1



Marisa Henderson es la jefa del Programa de Economía Creativa de la UNCTAD, que apunta a brindar apoyo a los países en desarrollo para que maximicen los beneficios de la economía creativa en materia de comercio y desarrollo. Marisa ha trabajado en la UNCTAD durante 20 años. Antes de ocupar su puesto actual, trabajó para la UNCTAD Ginebra ocupando diversos cargos, además de hacerlo en la Oficina del Secretario General. Además, dirigió durante tres años la oficina de la UNCTAD en Nueva York y trabajó tres años como jefa de Gabinete de la División de Comercio y Productos Básicos de la UNCTAD. Marisa ha enseñado en la universidad tanto en Inglaterra como en Argentina. Es autora de diversas publicaciones sobre cuestiones de comercio internacional, incluido, Creative Economy Outlook (UNCTAD, 2019)



Amy Shelver ha trabajado en temas de desarrollo durante más de 15 años, valiéndose de la investigación, la creatividad, las comunicaciones y la innovación para abordar desafíos locales y globales. Se ha desempeñado extensamente como consultora tanto dentro de Sudáfrica, como a nivel internacional, abordando las industrias económica, financiera y bancaria, industrial y manufacturera, minorista, de entorno urbano e ingeniería, turística, tecnológica, creativa, digital y de medios. Su trabajo incluye proyectos estratégicos para las Naciones Unidas, el Departamento de Artes de Sudáfrica, el Observatorio Cultural de Sudáfrica, la compañía Ford Motor (África), Experian (África), Black & Veatch, y varias misiones diplomáticas, entre otros. En la actualidad dirige canales sociales y digitales para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y fue coautora de su Informe sobre la Economía Creativa de 2018.




El año 2021, declarado Año Internacional de la Economía Creativa por las Naciones Unidas, pone la «economía naranja» en un primer plano, en un momento en que necesitamos soluciones creativas para los problemas del mundo.

Los últimos dos meses de 2019 marcaron un hito importante para la comunidad creativa global puesto que las Naciones Unidas procedieron a ratificar una resolución para declarar 2021 el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible.

Se trata de un logro que a las industrias creativas les costó mucho alcanzar. Reconoce y eleva la economía creativa como una herramienta importante para construir un futuro sostenible, inclusivo y equitativo.

En el momento en que se negociaba y se aprobaba la resolución, nadie podía anticipar lo que depararía el siguiente año: una pandemia que sacudiría el statu quo. Pero quizá lo que parecía el fin del mundo sea el comienzo de uno nuevo.

Al entrar en una nueva era, ¿qué podría ser más adecuado que poner especial atención en la creatividad y en el papel que puede desempeñar para ayudarnos a lograr la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible?

Más que nunca, necesitamos pensamiento creativo, innovación y resolución de problemas para imaginarnos saliendo del pozo en el que hemos estado. Las industrias creativas, que son el alma de la economía creativa, se encuentran en una buena posición para colaborar.

La economía creativa, un concepto con una larga evolución, se construye a partir de la interacción entre la creatividad humana y las ideas y la propiedad intelectual, el conocimiento y la tecnología. Fundamentalmente, son las actividades económicas que involucran conocimiento las que constituyen la base de las «industrias creativas». 2

Con el anuncio formal de 2021 como Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, se reconoció finalmente a la economía creativa como una fuerza poderosa para el bien, los medios de subsistencia, la cohesión social y el desarrollo económico a través del comercio de bienes y servicios creativos.

El anuncio también reconoce el papel que desempeñan las industrias creativas en apoyar el espíritu emprendedor, estimular la innovación y empoderar a la gente, incluidos los jóvenes y las mujeres, mientras resguardan y promueven el patrimonio cultural y la diversidad.

El momento fue la culminación de una década de impulso detrás de la economía creativa. Desde 2008, múltiples informes de las agencias de Naciones Unidas, tales como la UNESCO, el PNUD y la UNCTAD han sentado las bases para entender la economía creativa y han provisto herramientas para ayudarnos a «contabilizar» la cultura y la creatividad.

Ello significó que en 2015 la creatividad y la cultura se encontraran en la agenda para definir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), lo cual llevó a incluirlas, ante todo, en el ODS 8, pero también en los ODS 9, 11, 12 y 17.

Esto es parte de una historia en curso en la que se ha puesto un mayor énfasis en el papel de la creatividad y la cultura como sectores económicos «llave en mano», que además tienen otros impactos positivos.

El rendimiento de la economía creativa durante las últimas dos décadas es indicativo tanto de su impacto como de su potencial. Estimaciones de 2015 de UNESCO y Ernst & Young (EY) consideran que las industrias creativas contribuyen el 3% del PIB mundial.

La UNCTAD, que ha estado rastreando el comercio de bienes y servicios creativos durante casi 20 años, halló que el promedio de crecimiento de las exportaciones de la economía creativa fue del 7% entre 2002 y 2015, superando a menudo la tasa de crecimiento de otras industrias. En 2015, la UNCTAD fijó el valor del mercado global de bienes creativos en la importante suma de USD 509 mil millones.

Pero no todo es color de rosa, y no todo el mundo se beneficia por igual de la economía creativa. Los países en desarrollo enfrentan muchos desafíos para exportar sus productos de la economía creativa, y debemos hacer más para proteger la propiedad intelectual y mejorar el análisis de datos para la industria. El 2021 nos da la oportunidad de poner el foco tanto en el valor de la economía creativa como en sus retos.

Antes del impacto de la COVID-19, la economía creativa global estaba creciendo a un ritmo veloz en ciertas regiones. No debe perderse este impulso como consecuencia de la pandemia; en cambio, deben realizarse mayores inversiones en las industrias creativas que tienen el potencial de tener un impacto fuerte y localizado, y nos ayudan a cambiar hacia una práctica más sostenible.

Faltando una década para alcanzar los ODS, este es el momento de establecer una ruta clara y de demostrar cómo la cultura y la creatividad se integran en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. También necesitamos unirnos para innovar respecto de cómo financiar las metas creativas y culturales que se encuentran dentro de los ODS.

La inversión de impacto puede desempeñar un papel fundamental en este camino y de hecho lo hará.

La inversión es la clave para liberar el verdadero potencial de las industrias creativas, y los retornos de la economía creativa son a la vez promisorios y multidimensionales: abordar las

necesidades sociales, culturales, económicas y de innovación.

Así que recurramos a la creatividad y aprovechemos todo su espectro para configurar el mundo mientras utilizamos su potencial de innovación y sus cuantiosos réditos positivos. Que el 2021 marque el nacimiento de una nueva era para invertir en creatividad y buscar generar un impacto.



1. Las opiniones expresadas pertenecen a las autoras y no necesariamente representan aquellas de la UNCTAD.

2. Las industrias creativas, una fuente importante de valor comercial y cultural, incluyen la publicidad, la arquitectura, las artes y artesanías, el diseño, la moda, el cine, el video, la fotografía, la música, las artes escénicas, la edición, la investigación y el desarrollo, el software, los videojuegos, la edición electrónica y la TV/radio. https://unctad.org/topic/trade-analysis/creative-economy-programme

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